Textil santiagueño, una colcha de colección
Pieza tejida en lana de oveja, teñida y profusamente decorada con distintos motivos inspirados en las grecas arqueológicas de los pueblos desaparecidos y en el estallido de color que acercara España a estas tierras. La manta o colcha se tejió en dos paños unidos a todo lo largo.
En su ornamentación, una guarda de signos escalonados en damero, y en su tramo central, rombos en damero multicolores y de distintos tamaños. La pieza fue hermoseada con diversas representaciones indefinidas para nuestros ojos (singularmente, curvas), y otras figuras humanas y de flores estilizadas.
Medidas. Largo: 230 cm. Ancho: 140 cm.
Santiago del Estero, hacia 1910.
 Como bien lo explicaba Bernardo Canal Feijóo en su obra "Ensayo sobre la expresión popular artística de Santiago" (Buenos Aires, Compañía Impresora Argentina, 1937), los tejidos santiagueños gozan de buena fama "por la riqueza del colorido, por la variedad, rareza y profusión de los dibujos inscriptos en su abigarrada página." En un veraz ejemplo de aquel juicio de valor hemos rescatado esta preciosa colcha o cubrecama tejida en los primeros años del siglo veinte.
Las artesanas de aquella provincia mediterránea, habilidosas como pocas, plasman su arte desde antaño en tejidos que más allá de un repertorio uniforme de motivos, alcanzan el sello de "pieza única" en cada obra. La temática decorativa es en general indígena, los signos escalonados, los rombos, las cruces con sus cuatro brazos idénticos, la serpiente emplumada o sin plumas, y las divinidades antropo-ornitomorfas… Menos frecuentes, aparecen representaciones de figuras humanas, pero planas y rígidas, estrellas de rayos truncos, y también macetas con sus plantas florecidas, todas estas últimas, expresiones del cruce con el europeo conquistador.
En el muestrario de diseños utilizado por aquellos tejedores, lo explicaba Clemente Onelli en "Alfombras, tapices y tejidos criollos" (Buenos Aires, Kraft, 1916), "(…) el telar criollo aborrece la figuración animal, quizás resto de la misma fobia musulmana que tanto influenció las artes en España, detenida por los moros". Las escasas representaciones de aves se hermanan más con la iconografía arqueológica que con el paisaje circundante; así es que cuando aparecen, representan deidades de los primitivos pueblos.
En cuanto a la expresión cultural de estas obras, nos apoyamos en una reflexión del propio Canal Feijóo que no merece más que su lectura: "(…) es lo cierto que el alma indígena tiene en el tejido un magnífico campo de expresión expedito, que le permite desplegar "impunemente" ante los ojos del conquistador o dominador toda la gama de su secreto pensamiento ideogramático, y comulgar a través del símbolo íntimamente conjurado, en la fe de la raza, con todos los hermanos de sangre, por encima de la fortuita apostasía a que venía obligándolos la historia". Pero por qué no preguntarse si aquellos mensajes secretos que atravesaban la censura de los europeos llegaron hasta el siglo XXI sólo como un repertorio decorativo que la automatización de las tejedoras logró preservar en el tiempo. Dirá el autor citado: seguramente no ha sido una respuesta intelectual, pero qué duda cabe que es la manifestación del gusto local, y éste bien puede inspirarse en una identidad cultural "allanada pero no muerta".
La fuerza cultural en estas tejedoras es tan importante que en el paisaje más mezquino del interior santiagueño podemos escuchar de boca de una tejedora, al elogiarle una de sus artesanías puesta a la venta: "… Y si viera mi cama. Mi cama es un jardín…" -refiriéndose a alguna sobrecama palpitante, "de colores tan vivos que parecen entrar en movimiento".
Aquella respuesta la cosechó Canal Feijó en 1930 y sin temor, el poeta y ensayista sostuvo que "esas colchas constituyen expresiones artísticas auténticas". La que hoy presentamos bien puede inscribirse en esta categoría.
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