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La Sagrada Familia

Óleo sobre tabla. Autor anónimo.

Virreinato del Perú, primera mitad del siglo XVIII.

 
 

Antigua pintura hecha sobre madera. La representación de la Sagrada Familia ha sido un tema recurrente en la iconografía religiosa, ejecutada con reglas estrictas para su representación pictórica. En la pieza que ahora estudiamos, San José y la Virgen María con sus dulces rostros y en actitud piadosa contemplan al Niño Jesús en la cuna. Entre ambos, un buey asoma su cabeza para apreciar también la figura del Niño.

La Virgen María viste túnica roja con un manto azul y una toca blanca. En los pliegues del vestido ya ha quedado muy atrás esa cierta angulosidad que caracterizaba a la pintura manierista del siglo XVI, manifestándose un tratamiento más barroco, más natural. Arrodillada, con su rostro inclinado y las manos cruzadas pone de manifiesto su actitud piadosa. Por sobre su cabeza un resplandor de rayos irregulares pero de movimiento simétrico.

San José, hincado, con sus manos unidas en oración, mira al Niño Jesús. Por sobre su cabeza, una aureola.

El Niño Jesús, desnudo y recostado sobre un paño blanco, se apoya inclinado sobre su brazo izquierdo (éste flexionado y sosteniéndose en el codo), y mira hacia delante. La cuna es de heno y aparece muy plana, como si estuviera iluminada escenográficamente en el centro de la composición, aunque de un modo muy esquemático.

Sobre las nubes, tres querubines asoman sus cabezas disfrutando de la escena; dos de ellos miran hacia el Niño, y el tercero lo hace hacia arriba. Por encima y a sus costados, dos ángeles de cuerpo entero y vestidos se vinculan entre sí con una cinta que lleva la leyenda: "Gloria in Excel Cis Deo" (Gloria a Dios en el cielo), himno litúrgico que comienza con la palabra de los ángeles anunciando a los pastores el nacimiento de Jesús.

Se puede inferir una mano indígena en la falta de perspectiva de la escena, con el plano irreal de la cuna. Además, la ausencia del pan de oro tan característico en la pintura cusqueña mestiza de la segunda parte del siglo XVIII nos permite entender que estamos ante una iconografía más temprana.

En lo que hace a su origen, cabe comprender que si bien estas obras de pequeños formatos eran trasladadas por los religiosos en sus equipajes y en muchas ocasiones, prevenían de Europa; el tratamiento plano de la cuna nos hace pensar que estamos ante una pintura de producción sudamericana.

Medidas: 30 cm. x 21,8 cm.

 

 

 
       
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