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Par de estribos virreinales peruanos

Precioso par de estribos de madera y hierro, llamados "de cajón", con la forma tronco-piramidal, característicos en la equitación peruana. El alma de la pieza es de madera y fue tallada en sus tres caras apenas cóncavas, siendo la cuarta la de entrada del pie. Los estribos se encuentran calzados en hierro, con sus cantoneras caladas y cinceladas con un surco, las que rematan en pequeños botones en sus cuatro ángulos inferiores. Propio de este diseño, adaptado desde las formas peninsulares que llegaran a América en tiempos coloniales, un suncho lo recorre en sus laterales -también recorrido con dos finas líneas- y una especie de campana, calada y cincelada, se advierte sobre su porción superior, donde se encuentra el "ojo" rectangular que le permitirá fijarlo a la estribera.

La pieza es sumamente rara, pues en el Perú los yacimientos de hierro no se explotaron hasta iniciado el siglo XX, de modo que siendo la plata un mineral abundante en aquella región, las obras labradas en este noble metal eran llamativamente más comunes que las forjadas en hierro. Así ha ocurrido con los estribos. El mismo modelo, característico de la forma de "aperar" del jinete peruano, fue generalmente ornamentado con guarniciones de plata. Si bien las líneas respetaban un diseño común, las piezas creadas por las manos de los orfebres lucían formas de mayor complejidad inspiradas en el barroco y el rococó extendidos por América del Sur en el siglo XVIII. Así se lo advierte en las numerosas piezas que se han conservado desde entonces.

Lo cierto es que, paradojas de un tiempo pasado, fueron sumamente más escasos los ejemplares calzados en hierro. Este mineral, necesario para la producción de armas, llegaba en las embarcaciones que surcaban los océanos y era considerado estratégico. De modo que la sustitución del mismo resultaba bienvenida entre las autoridades virreinales, siendo en muchas ocasiones reemplazado con labores de platería. Para comprender la evolución de su uso, recordemos por caso que los ejes de las carretas que viajaban entre Lima y Buenos Aires se hacían con maderas duras, evitando así el empleo del hierro tan útil pero escaso.Ampliar estribo

Como es de suponer, la elaboración de una pieza de hierro no sólo implicaba la autorización por parte de los funcionarios de la corona, sino que además, significaba una decisión económica, por cuanto este material resultaba sumamente más costoso que la plata.

En la equitación del Perú virreinal los estribos de madera protegían los pies del jinete, salvándolos de las agudas aristas que emergen en las paredes rocosas. De manera que su diseño se generalizaba en los distintos aperos locales, diferenciándose en especial los estilos ecuestres por las formas de la silla.

A modo de cierre de esta Certificación, nos atrevemos a suponer que la escasez actual de los antiguos estribos "de cajón" calzados en hierro tiene más de un origen. No sólo debemos atribuirlo a su limitada producción original, pues seguramente mucho ha tenido que ver la práctica extendida de sustituir las guarniciones de hierro antiguas por producciones modernas de plata. El reemplazo permitía engalanar los estribos con el noble metal, y cuando el cambio era dispuesto por un anticuario poco serio, éste alentaba pingües ganancias aunque fuera necesario ocultar la maniobra.

Al fin, los estudios han permitido colocar en su sitio a estos raros estribos de madera "vestidos" con guarniciones de hierro, siendo hoy "presas" codiciadas por los grandes coleccionistas del arte hispanoamericano.

Medidas. Alto: 26 cm. Abertura tallada para el pie: 13,7 cm. Ancho máximo en la base: 24,5 cm.

Perú, fines del siglo XVIII.

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