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Infrecuente par de estribos de hierro fundidos, identificados como tipo “brasero”. Ambas piezas poseen los característicos deterioros que se advierten generalmente en los objetos antiguos de hierro, aunque conservan toda su gracia. Sólo advertimos en ellos una vieja restauración en el travesaño del ojo, el que se habrá deteriorado por el uso, y el que fuera reforzado en su momento con una pequeña vara de bronce soldada. En lo demás conservan su estado original, incluso en su hondón, o pisada.
En ambas barandas de cada estribo, caladas, se pueden apreciar todavía los restos del diseño de flores que distinguían el modelo. Como piezas de fundición estos estribos eran de uso popular y siendo de bajo precio, solían tener un tratamiento de producción poco cuidado. Además, el paso del tiempo con la herrumbre que en general ha afectado las piezas que hoy se conservan, supo esmerilar la superficie original borrando la primitiva definición del ornato.
El borde inferior de las barandas, festoneado, aparenta concluir con la forma de cinco gotas de agua por cara. Los arcos, curvos y de una pieza, presentan grados distintos de apertura entre ambos ejemplares, seguramente por deformación del material al cabo del uso y del tiempo. Estas piezas rematan con un agujero en su tramo superior, en el que se sujeta el perno del ojo, generalmente aplicado de forma transversal, como ha ocurrido en este caso.
Entre los arreos de montar de la equitación criolla, los braseros de hierro eran imprescindibles en un apero de sogas. Estos conjuntos, de uso extendido entre el gauchaje de Entre Ríos y toda el área porteña a lo largo del siglo XIX, no exhibían piezas decoradas con láminas de plata. El modelo habría adquirido sus formas definitivas en estas tierras y desde la original variante de hierro también se copiaron sus formas ya incorporadas al gusto popular para fabricarlos de modo artesanal en plata, y en metales blancos o alpaca, en factorías industriales de Europa. Los cronistas de Buenos Aires se han ocupado en varias ocasiones de los estriberos, y el propio José A. Wilde en su “Buenos Aires setenta años atrás”, les asignaba un origen brasileño u oriental. En la cambiante situación político-militar que se vivían por aquellos años entre Brasil, la Banda Oriental y la Confederación Argentina , aquellos herreros dedicados a la fabricación de estribos bien podrían haber circulado por cada uno de estos puntos geográficos según lo permitieran las alianzas que se tejían y desarmaban con caótica frecuencia. También se dice que estos modelos fundidos en hierro llegaban en los cargamentos ingleses que abastecían el mercado rioplatense.
Dicho esto, por qué no imaginar que el par de estribos aquí estudiado –tan poco frecuente como muy apreciado, ya que en general estos estribos aparecen en forma de piezas solitarias–, puede provenir de aquella época, cuando gobernaba Buenos Aires D. Juan Manuel de Rosas. Si bien sólo lo podemos enunciar a modo de hipótesis, creemos que todo lo dicho permite darle un primer crédito a tal posibilidad.
Medidas. Alto máximo: 19,5 cm . Pisada: 9,2 cm .
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