EL SEGUNDO MAPA LEVANTADO POR LOS
JESUITAS EN LOS INICIOS DEL SIGLO XVII

Paraguay, ó // Prov. De Rio de la Plata // cum regionibus adiacentibus // Tucuman // et // Sta. Crvz de la Sierra. Amstelodami, Escudebat Ioannes Iansonius.

Raro, excepcional. Medidas. Ancho: 47,5 cm. Alto: 37,5 cm. Precioso ejemplar, coloreado a mano de época. Pieza enmarcada. Furlong, en su Cartografía Jesuítica -n. 2, pp. 21 - 23-, registra una primera edición de Blaeuw, en 1633, y la segunda, de Joannes Jansson, en su Nuevo Atlas, v. 2, editado en Ámsterdam, en 1653. En cuanto la relación entre ambos, sostiene Furlong que "… no existe diferencia alguna. Es un calco perfecto, dirá aquel estudioso, con la única variante de carecer el compuesto por Blaeuw de un barco velero que aparece en el de Jansson. No obstante esta identidad entre los dos mapas, observa las referencias publicadas al pie de uno: "Amstelodami, Guiljelmus Blaeuw excudit", y en la base del otro: "Amstelodami, Excudebat Joannes Ianssonius". Aquel investigador pudo ver muy pocos ejemplares de esta última obra -la misma que ahora catalogamos-; en el Congress Library, de Washington, en la biblioteca Nacional de Montevideo, en el Museo Histórico del Colegio del Salvador, de Buenos Aires, y en el Museo Mitre de esta última ciudad.

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Se trata del segundo mapa levantado por los jesuitas en esta porción de América. Para Furlong, esta carta geográfica habría sido levantada por el Padre jesuita Diego de Torres, quien la habría incluido en su `Carta Anua´ de 1609, donde presenta una "… acertada relación que coincide con este mapa, de suerte que parece ser uno mismo el autor de la relación y el mapa". En el plan de argumentar que la obra fue confeccionada en los primeros años del siglo XVII, advierte que no se consignan en el "las reducciones guaraníticas, ni localidad alguna de las fundadas después de 1596". Su título latino también lo lleva a opinar que su origen es jesuítico.

El mapa comprende la América Meridional desde el 5º hasta el 37º de latitud, incluyendo buena parte del actual territorio argentino. En su análisis, ciertos nombres de poblados y accidentes geográficos nos permiten remontarnos hasta aquellos años de esfuerzos ciclópeos y entusiasmos febriles: Potosí, V. Taryja, S. Bernando de la frontera, Mendoza por encima de S. Juan de la frontera, St.Iago del Estero con un enorme espejo de agua en las proximidades y más al norte, S. Miguel de Tucumán y Na. Sa. de Talavera.

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En cuanto a Nuestra Señora de Talavera, no es otra que la mítica Esteco (asentada en la actual provincia de Salta), fundada en 1566 bajo el nombre de Cáceres, pero rebautizada el 15 de agosto del año siguiente por D. Diego de Pacheco, entonces sí como Nuestra Señora de Talavera de Esteco. Aquel poblado poco tiempo más tarde desaparecería; otra clara alusión en cuanto a la antigüedad de la traza de esta carta jesuítica. Tanto es así, que en 1592 se levantó un nuevo caserío, esta vez frente a los ríos Pasaje y Piedras, el que en 1609 fuera reubicado a unas tres leguas de su sitio original, llamándolo Talavera de Madrid. La nueva población no demoraría en ser identificada por los propios lugareños como "Esteco", en recuerdo de la primitiva Nuestra Señora de Talavera de Esteco.

Lo cierto es que la ciudad de Esteco alcanzó un enorme esplendor, pero sin que se conozcan razones prácticas, aquella venturosa aldea se perdió en la noche de los tiempos y en el saber popular, fue culpable de tamaña tragedia la vida dispendiosa de sus habitantes. Para las autoridades eclesiásticas de la época y para los pobladores del noroeste, en Esteco la vida pecaminosa habría provocado la ira del Todopoderoso… En los conocimientos del autor de esta carta, al momento de levantarse la misma, Esteco aún no llevaba tal nombre, sino su primigenio Nuestra Señora de Talavera.

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