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En cuanto a las calderas de cobre, se sabe que también fueron importadas desde España, donde se embarcaba un modelo característico, llamado catalán por su procedencia. Esas calderas eran rústicas y resultaban del agrado de los gauchos rioplatenses. No así las facturadas en Birmingham, donde en principio intentaron mejorar la apariencia puliendo su superficie. Relatan los hermanos Robertson -comerciantes ingleses que en las primeras décadas del siglo XIX se estacionaron en estas tierras-, que la industria británica debió retornar a la rusticidad de las calderas de Cataluña para atender los gustos del mercado del Plata. Nuestro ejemplar El texto traído a la memoria le permitió a su autor describir la caldera (o pava, indicaba Villanueva) que aparece en una de las láminas del libro que el viajero Peter Schmidtmeyer hiciera publicar en 1824 en Londres. Aquel grabado, aquí reproducido en su detalle, se ocupa de "una reunión, a la hora del mate", y en la caldera dibujada en primer plano no se advierten diferencias sobre la nuestra. La pieza ahora catalogada pone de manifiesto los golpes del martillo que pericia mediante, permitiera "levantar" el recipiente a partir de una lámina plana de cobre. Su pico, prolongación de la boca, seguramente se quebró por el uso y fue martillado nuevamente para que dicho recipiente pudiera continuar su vida útil. En la base, otra huella de singular interés, descubrimos algunos agujeros y los vestigios de viejas restauraciones. El asa, de sobrio y bello movimiento, fue forjado en hierro y su remate inferior concluye en un rulo que apenas apoya sobre el recipiente. Chile, fines del siglo XVIII.
Medidas. Alto: 13,6 cm. Diámetro máximo de recipiente: 12 cm. Diámetro de la boca: 6,2 cm. |
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