Ángel Vicente Chacho Peñaloza

Rara fotografía de época del caudillo riojano.

La obra original se realizó en forma de daguerrotipo (un ejemplar del mismo se conserva en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, sólo que la imagen se ha perdido), pero a la muerte del "Chacho" Peñaloza en 1863, fue reproducida como carte de visite y en Buenos Aires, se vendió masivamente entre los más desprotegidos. De pie, con la mano derecha sosteniendo su chambergo, y la izquierda apoyada en la cintura, el "Chacho" se presenta con una vincha que contiene los pelos desordenados, y sus largas patillas extendidas en forma de barba cana. En la imagen, lo que más llama la atención en aquel caudillo es la profundidad de su mirada. Además, al cinto y "en las verijas" se aprecia un importante puñal de metal, cuyos brillos reflejados por la iluminación quemaron el negativo de la fotografía.

El puñal del "Chacho" llegó a sus manos como obsequio del general Justo José de Urquiza. Declarada la guerra al hombre fuerte de Buenos Aires, D. Juan Manuel de Rosas, Peñaloza apoyó a Urquiza y luego de Caseros el entrerriano agradeció aquel gesto firmando su nombramiento en el rango máximo del ejército de la Confederación y con un regalo muy del gusto del jefe entrerriano: un cuchillo labrado en oro. A propósito de esta relación, trascribimos los comentarios vertidos por Eduardo Gutiérrez en su obra "El Chacho" (N. Tommasi Editor. Buenos Aires), donde da cuenta que "(…) lo llamó a Paraná para hacerlo tomar parte en el memorable acuerdo de San Nicolás. Allí se entendieron los dos grandes caudillos, comprometiéndose Peñaloza á sostener las ideas y políticas de Urquiza, que las creía santas, con toda la leal voluntad de que era susceptible. Fue entonces que le regaló aquel célebre puñal de oro…"

Efectivamente, el puñal que se advierte en la foto, era de oro y se trataba del obsequio que le entregó Urquiza en Paraná. El cuchillo se transformó en una pieza de culto, ya que fue el Chacho quien lo convirtió en una especie de "varita de virtud", como lo definiera Gutiérrez en la obra aludida. "Cuando algun amigo (seguimos con la lectura de su biografía), que para él lo eran todos sus oficiales y soldados, acudía al Chacho en demanda de dinero para salvar un compromiso, este en el momento sacaba su puñal y lo entregaba para remediar el mal.
-Si la necesidad es grande, decía con su acento bondadoso, vaya empeñe esa prenda por cincuenta ó cien pesos, que ya habrá tiempo para sacarla.
El feliz poseedor de la prenda acudía con ello á la casa de negocio más fuerte, solicitaba los cincuenta ó cien pesos que necesitaba, sobre el puñal del Chacho que todos conocían.
¿Quién iba á negar el dinero, cuando era Peñaloza quién lo pedía sobre su puñal?
El comerciante entregaba su dinero y la alhaja que volvía a poder de su dueño."

Peñaloza tenía aversión por los médicos y en la empuñadura del puñal le había hecho grabar una leyenda que aseguraba "El que desgraciado nace // entre los remedios muere". Su muerte, como era de prever, no fue fruto de una salud esquiva, sino que los vericuetos de las guerras intestinas le cobraron la vida cuando ya se había entregado.

En 1863 Domingo F. Sarmiento gobernaba San Juan y Ángel Vicente Peñaloza optó por levantarse en armas contra aquel gobierno provincial y contra la autoridad nacional ejercida por Bartolomé Mitre, pero fue vencido en Caucete, y luego de la derrota en el campo de batalla se refugió en casa de un amigo, en Olta, ya en su provincia de La Rioja. Al fin la noticia llega a la inteligencia de las fuerzas sanjuaninas y una partida habría de ubicarlo el 12 de noviembre de 1863. Previa intimación con la formal promesa de respetar su vida, el riojano entregó su facón y hecho prisionero, fue alojado en un cuarto junto a su esposa e hijo. Allí mismo se presentó horas más tarde el mayor Pablo Irrazabal, el oficial que conducía las fuerzas sanjuaninas en Caucete, y luego de preguntar "¿quién es el bandido del Chacho?", le asestó un golpe mortal con una lanza tomada a los soldados de la guardia. Luego le fue quitada la cabeza y puesta en una pica, se la exhibió en el mismo pueblo de Olta como escarmiento para todos los riojanos…

Sarmiento no pudo con su genio y en nota a Mitre, afirmó: "he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses".

Sin embargo, el gobierno nacional rechazó las formas en que fue ejecutado Peñaloza
por no haberse ajustado a las disposiciones legales vigentes, era un general de la Nación y debió juzgárselo por medio de un Consejo de Guerra. Cuando la noticia llegó a Paraná, José Hernández no dudó en hacer público su rechazo y publicó en su diario "El Argentino" una reivindicación del caudillo riojano titulada "Rasgos biográficos del general Ángel Vicente Peñaloza".

Carte de visite con el sello de la Casa de Fotografía de Descalzo e Hijos, ubicada en la calle Buen Orden 74, de Buenos Aires. Carlos Descalzo llevaba para entonces una larga trayectoria en el campo de la fotografía, pero asociado a Benza y bajo la razón social de Descalzo & Benza. Recién en el año 1862 cambió su titularidad, ahora al frente del comercio con sus hijos. Al margen del sello estampado en el reverso de la imagen, en la historia de la fotografía argentina esta imagen fue atribuida originalmente a Desiderio Aguiar, profesional que se desempeñara en la provincia de San Juan. Además, por muchos años esta fotografía fue considerada erróneamente como la más antigua de Argentina. Al parecer, fue tomada en 1852 por el propio Desiderio Aguiar, y a la muerte del Chacho en 1862, Descalzo la reprodujo para su venta masiva en Buenos Aires.

Bibliografía consultada:
Los años del daguerrotipo. Fundación Antorchas. Buenos Aires. 1995.
E. Gutiérrez: El Chacho. N. Tommasi Editor. Buenos Aires.
J. Gómez: La fotografía en la Argentina. Su historia y evolución en el siglo XIX. 1840 - 1899. Témperley. 1986.

 

 

 

 
               
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